En muchos centros de trabajo, la limpieza es una actividad esencial que se desarrolla a diario y con absoluta normalidad. Sin embargo, esa misma rutina puede invisibilizar riesgos graves, especialmente cuando los productos químicos se combinan sin control. Lo que parece un gesto inocuo —reforzar un desinfectante con otro, mezclar dos limpiadores o reutilizar envases— puede desencadenar reacciones químicas capaces de generar gases irritantes, tóxicos e incluso letales.
Desde la prevención de riesgos laborales, el riesgo químico en limpieza sigue infravalorado. La Ley 31/1995 y el RD 374/2001 obligan a evaluar la exposición a agentes químicos y a garantizar que su uso se realice de forma segura. Sin embargo, en la práctica, muchas intoxicaciones ocurren porque las personas de limpieza no reciben información suficiente sobre las incompatibilidades de los productos ni sobre los efectos reales de su combinación.
Mezclas peligrosas: cuando la limpieza genera toxicidad
El riesgo más conocido —y también el más frecuente— es la mezcla de lejía con amoniaco, que libera cloraminas capaces de provocar irritación ocular, broncoespasmos y quemaduras respiratorias. El manual de buenas prácticas de uso de químicos del INSST recuerda que también existen reacciones peligrosas al mezclar lejía con ácidos (salfuman por ejemplo), desinfectantes con desincrustantes (por ej.: sanytol ® con viakal ®) o detergentes alcalinos con productos oxidantes (por ej.: KH-7 ® quitagrasas con lejía común).
Estas reacciones no siempre generan un olor evidente. A veces la exposición se produce en espacios mal ventilados como baños, almacenes o cuartos de limpieza, donde la acumulación de vapores puede causar mareos, náuseas, dolor torácico y pérdida de consciencia. La toxicidad, por tanto, no depende solo de la sustancia, sino también del lugar y del modo de uso.
Un caso especialmente grave es el uso combinado (aunque sea con minutos de diferencia) de desatascadores o desincrustantes de naturaleza química opuesta, como la sosa cáustica (hidróxido de sodio) y un ácido fuerte (clorhídrico, sulfúrico o fórmico). A veces, al no funcionar un producto alcalino, se recurre inmediatamente a uno ácido en un intento de resolver la obstrucción. Esta combinación puede generar violentas reacciones exotérmicas, emisión de gases tóxicos y proyecciones de líquidos corrosivos a alta temperatura. El contacto con ojos, piel o vías respiratorias en estas condiciones puede provocar lesiones químicas graves e incluso ceguera inmediata si alcanza los ojos.
El factor humano: prisas, presión y falta de información
Las personas de limpieza suelen trabajar en tiempos muy ajustados, alternando superficies y espacios con productos diferentes. En ese contexto, la mezcla accidental es más probable, especialmente si los envases no están correctamente etiquetados, si se reutilizan botellas sin marca o si no se dispone de fichas de datos de seguridad.
La falta de formación específica amplifica el riesgo: si no se comprenden conceptos básicos como “producto oxidante”, “corrosivo”, “alcalino” o “ácido”, la persona trabajadora puede interpretar erróneamente que combinar dos limpiadores potencia la eficacia, sin saber que en realidad está generando un agente tóxico.
Medidas preventivas basadas en la normativa de PRL
La normativa exige que los productos se utilicen siguiendo estrictamente las indicaciones del fabricante y las Fichas de Datos de Seguridad, que deben estar disponibles y ser comprensibles para la plantilla. A nivel preventivo, las medidas clave incluyen la selección adecuada de productos, la ventilación de los espacios, la identificación clara de envases y la prohibición expresa de mezclar sustancias salvo indicación técnica documentada.
El etiquetado juega un papel fundamental: pictogramas visibles, advertencias claras y almacenamiento separado reducen sustancialmente los errores. La vigilancia de la salud también permite detectar sensibilidades o irritaciones que podrían agravarse con exposiciones repetidas.
Formación técnica: la herramienta que marca la diferencia
La formación práctica y continuada es esencial para que las personas de limpieza identifiquen los riesgos reales y adopten hábitos seguros. Explicar qué mezclas son incompatibles, cómo interpretar una FDS, cómo actuar ante una inhalación accidental o cómo evitar la transferencia de productos entre envases proporciona autonomía preventiva y reduce la exposición.
En OTP acompañamos estos procesos con evaluaciones específicas de riesgo químico, análisis de compatibilidad de productos y procedimientos de uso seguro adaptados a cada centro. Cuando el trabajo implica sustancias peligrosas, la prevención no puede improvisarse.
Proteger para limpiar mejor – OTP
El trabajo de limpieza sostiene el funcionamiento de cualquier organización, pero debe realizarse en condiciones seguras. Evitar las mezclas indebidas, controlar los espacios, ventilar, etiquetar y formar adecuadamente es esencial para prevenir intoxicaciones y garantizar entornos saludables. La seguridad química no se mide en grandes incidentes, sino en las pequeñas decisiones que se repiten cada día.
Contacta con nuestro equipo técnico y actúa antes de que el riesgo sea irreversible.
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