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Trabajos que ya no existen… porque eran letales: lo que la historia nos enseña sobre prevención

Trabajos que ya no existen… porque eran letales: lo que la historia nos enseña sobre prevención

En el mundo actual, la seguridad laboral es un derecho. Pero no siempre fue así. A lo largo de la historia, miles de personas trabajaron en oficios hoy desaparecidos que se cobraron su salud —y muchas veces su vida— por la falta de protección, información o regulación.

La evolución de la prevención de riesgos laborales no solo ha transformado los entornos de trabajo modernos, sino que ha eliminado por completo profesiones que, literalmente, mataban. En OTP miramos al pasado no con nostalgia, sino con el compromiso firme de que ciertos errores no deben repetirse.

 

Faroleros: encender la ciudad, apagar la salud

Antes de que la electricidad iluminara las calles, los faroleros o lamplighters tenían una misión clave: encender y apagar manualmente cada farol a gas cada día. Este trabajo, aparentemente inofensivo, exponía a las personas a gases tóxicos derivados del carbón y al constante riesgo de explosiones.

Aunque la electrificación acabó con este oficio, su recuerdo nos deja una enseñanza clara: la exposición prolongada a sustancias peligrosas, aunque sean invisibles, siempre deja huella en la salud laboral.

 

Radium Girls: cuando la pintura brillaba... y mataba

A principios del siglo XX, en EE. UU., cientos de mujeres pintaban esferas de reloj con pintura de radio que brillaba en la oscuridad. Para afilar los pinceles, las animaban a lamerlos. La empresa les aseguraba que era seguro. Nada más lejos: desarrollaron anemias severas, necrosis ósea y cánceres letales.

El caso de las Radium Girls no solo visibilizó los efectos de la radiación, sino que sentó las bases legales para que las personas trabajadoras pudieran demandar por enfermedades profesionales, un derecho fundamental hoy recogido en la legislación española.

 

Mineros de amianto: cuando el polvo era mortal

Durante décadas, el amianto fue el "material milagroso". Incombustible, aislante y barato. Pero su manipulación sin protección derivó en una de las mayores tragedias de salud laboral del siglo XX. Mineros y trabajadores inhalaban sus fibras sin saber que estaban sembrando enfermedades como la asbestosis o el mesotelioma, un cáncer incurable.

Hoy el uso de amianto está prohibido en España y gran parte del mundo. Un ejemplo contundente de cómo la ciencia y la legislación pueden —y deben— corregir los errores del pasado para proteger el futuro.

 

Deshollinadores: niños atrapados en chimeneas

En los siglos XVIII y XIX, muchos deshollinadores eran niños obligados a arrastrarse por estrechas chimeneas llenas de hollín. Su pequeño tamaño les convertía en mano de obra barata. La consecuencia: quemaduras, asfixia y el primer cáncer laboral reconocido —el cáncer de escroto— provocado por la exposición al hollín.

Este caso marcó un punto de inflexión en la historia de la medicina del trabajo y sentó las bases de una verdad que hoy seguimos defendiendo: la salud laboral no puede tener excepciones.

 

Fabricantes de cerillas: la “mandíbula de la muerte”

En las fábricas de cerillas del siglo XIX, el uso de fósforo blanco era común. Las personas trabajadoras, en su mayoría mujeres, manipulaban este producto sin saber que podía destruirles literalmente la cara. La “necrosis mandibular” (conocida como mandíbula de fósforo) era dolorosa, deformante y, en muchos casos, mortal.

Este riesgo químico, invisible al principio, impulsó una ola de regulaciones y prohibiciones en la industria. Porque prevenir también es cuestionar los materiales y procesos antes de que causen daño.

 

Lecciones que no debemos olvidar

Estos trabajos ya no existen. Pero su legado es imprescindible. Nos recuerdan que:

  • La prevención no es un lujo, es una obligación.

  • La ignorancia y la negligencia tienen consecuencias irreversibles.

  • La vigilancia de la salud, la evaluación de riesgos y la formación salvan vidas.

En OTP trabajamos para que lo que ayer fue tragedia, hoy sea prevención. Y que ninguna persona vuelva a enfermar o morir por su trabajo.


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OTP, Oficina Técnica de Prevención

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