En los últimos años, el concepto japonés karoshi —muerte por exceso de trabajo— ha cruzado fronteras para describir situaciones reales de agotamiento extremo, colapso cardiovascular, accidentes graves y trastornos psicológicos asociados a jornadas prolongadas y cargas laborales insostenibles. Aunque el término provenga de otro contexto cultural, la evidencia en Europa señala una tendencia similar: personas trabajadoras sometidas a ritmos que superan su capacidad de recuperación física y mental.
En prevención de riesgos laborales, hablar de agotamiento extremo no es un ejercicio teórico. Es abordar un riesgo psicosocial que puede desencadenar consecuencias críticas. La Ley 31/1995 obliga a evaluar la carga de trabajo, el estrés, la fatiga y la organización temporal del trabajo. Cuando estos factores no se gestionan, el daño deja de ser progresivo para convertirse en abrupto. Y, en algunos casos, irreversible.
Exceso de horas, falta de descanso y presión sostenida: el triángulo del agotamiento laboral
El karoshi no ocurre de un día para otro. Es el resultado de una exposición prolongada a horas excesivas, presión continua por alcanzar objetivos, disponibilidad permanente y ausencia de pausas reales. La fatiga acumulada debilita el sistema cardiovascular, afecta al sistema inmunológico, altera el sueño y deteriora los mecanismos de autocontrol necesarios para mantener la seguridad en el puesto.
En sectores con alta carga mental, turnos rotativos o plazos ajustados, este deterioro puede traducirse en errores graves, accidentes severos o episodios médicos como ictus e infartos. La Organización Mundial de la Salud ya advierte que trabajar más de 55 horas semanales incrementa significativamente el riesgo de estos eventos.
Riesgos psicosociales: cómo la organización del trabajo puede convertirse en un agente dañino
El riesgo de karoshi se enmarca dentro de los riesgos psicosociales, donde la combinación de alta demanda y baja capacidad de control incrementa la probabilidad de daño. La falta de descanso, la inestabilidad emocional, la presión del liderazgo, la multitarea intensiva o la cultura de disponibilidad absoluta contribuyen a un escenario donde el cuerpo y la mente operan al límite.
El Criterio Técnico 104/2021 de la Inspección de Trabajo recuerda que la empresa debe evaluar y gestionar estos factores de forma específica, utilizando metodologías validadas y medidas organizativas capaces de reducir la carga real del trabajo.
Señales que alertan antes del colapso: la fatiga como indicador preventivo
Antes de un episodio extremo, suelen aparecer señales claras: disminución del rendimiento, irritabilidad, dificultades cognitivas, alteraciones del sueño, agotamiento emocional y sensación de no poder desconectar del trabajo. Ignorarlas facilita la progresión hacia un estado de fatiga crónica que incrementa exponencialmente el riesgo de accidente y de enfermedad grave.
La prevención no consiste únicamente en detectar estas señales, sino en garantizar que existan canales seguros de comunicación, vigilancia adecuada de la salud y una organización que permita adoptar medidas correctoras sin penalización.
Medidas preventivas: cómo evitar que la carga laboral se convierta en un riesgo mortal
La normativa española establece que la empresa debe adaptar la carga de trabajo, definir ritmos razonables, estructurar los descansos, limitar la prolongación sistemática de la jornada y garantizar condiciones que permitan la recuperación física y mental.
La gestión de turnos, la claridad en las funciones, el reparto equilibrado de tareas y la evitación de emergencias laborales permanentes forman parte de una prevención eficaz. Además, la cultura empresarial debe desalentar prácticas que glorifican el exceso de horas y la disponibilidad absoluta, sustituyéndolas por modelos de trabajo sostenibles.
La vigilancia de la salud y la evaluación psicosocial aportan información clave para identificar escenarios en los que la fatiga aparezca como un riesgo emergente.
Proteger la vida también es proteger el tiempo – OTP
El karoshi no es una cuestión lejana ni culturalmente ajena: es la expresión extrema de una realidad laboral que puede aparecer allí donde se normaliza la sobrecarga. Prevenirlo significa revisar la organización del trabajo, actuar sobre la fatiga acumulada, formar a los equipos y diseñar entornos donde el descanso no sea un privilegio, sino una medida de seguridad.
Desde OTP ayudamos a las empresas a evaluar, corregir y estructurar la carga laboral desde una perspectiva técnica y humana, alineada con la normativa vigente y con las mejores prácticas en gestión de riesgos psicosociales.
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